Sacando la lengua.
Infinitos objetos de lujuria, las lenguas han sabido ser el camino hacia los alimentos pero, también, el rumbo hacia la agonía del placer sexual. Agujereadas, veneradas incónicamente, estudiadas psicológicamente, no deben dejar de cumplir un rol vital en la sexualidad. A continuación, un análisis minucioso y, por siempre, incompleto.
Freud insistía que el primer placer del hombre pasaba por la boca (A pesar de que consideraba una aberración el sexo oral). Su razonamiento tenía sentido: el alimento vital no sólo constituía la primera necesidad humana a ser saciada sino que, además, necesariamente ingresaba por la boca. De la misma manera, con el paso del tiempo, uno nunca iba a poder alejarse de aquel secreto placer de consumir y ser consumido. ¿Acaso es otra cosa un beso?
Sin embargo, detalle que el brillante creador del psicoanálisis dejó sin tener en cuenta es la lengua. Y, paradójicamente, es a mi entender la principal gema que ofrece la boca. No sólo es la que permite dar ingreso a los alimentos sino, tmabién, dar ingreso a los más dulces placeres.
Saben bien a qué me refiero. No sólo su apariencia de medusa es de por sí sugestiva, su color y su textura es todo un misterio tentador…tiene, además, la delicadeza extrema del sexo masculino y femenino.
Cunnilingus o felación son dos nombres para el mismo uso de la lengua. Un placer tabú que desde siempre liberó fantasías varias y que cada vez supera más fronteras de cama. En fin, yo no seré la encargada de darles los detalles (eso me lo guardo para mis amantes). Sin embargo, soy bondadosa y aquí les dejo un sitio para visitar y lamer…


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