Beso a beso.
¿Hay algo mejor que un beso? Sí.Cientos, miles…un millón de besos. Antes de San Valentín todo el mundo se acuerda de besarse. Pero, en el día a día, ¿qué pasa con la boca en tu boca?
Faltan pocos días para que el 14 de febrero no respete fronteras y se imponga con su bizarro rosa o rojo (alguien decidió que ese era el color del amor a pesar de que bien podría ser multicolor) en los calendarios. El Día de San Valentín está a la vuelta de la esquina y no solo lleva a una venta desmesurada de regalos ridículamente melosos sino, asimismo, a toda clase de manifestaciones amorosas y en público. Nadie parece darse cuenta que los besos y arrumacos pierden absoluto sentido si responden mas a una imposición mediática que a una voluntad momentánea.
¿Qué gracia tiene reunirse masivamente solo para darse un beso apasionado? No lo sé. Pero lo cierto es que muchos participan de esas jornadas impuestas por shoppings, anuncios o busquedas de récords mundiales. El amor es tan comercial como todo y todos vamos contentos y felices a darles la razón a los déspotas del romanticismo.
Nos imponen desde fuera que nos queramos y las ovejas del marketing van a cumplir su misión. ¿Es real? Por supuesto que no. Mas de uno se vé tentado a seguir la corriente aunque mas tarde ni se hable con su pareja, aunque no se rocen siquiera por casualidad, aunque los besos le sean tan ajenos como esa festividad. San Valentín no tiene sentido pero menos aun lo tiene para quienes se aman de verdad y para quienes no se aman en absoluto. Sin embargo, nuestra capitalista sociedad, lo compra y lo vende.



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