Sex on the city

Fantasías de ciudad pululan por doquier… al subir al ascensor, al cruzarte a la entrada de un sanitario, al quedarte casi casi a solas en tu lugar de trabajo, al intercambiar miradas por cualquier calle…en fín, las posibilidades son infinitas al igual que nuestros pensamientos. ¿Pero el acto?

¿Quién puede tirar la primer piedra del ratón mundano? Nadie escapa a esos pensamientos prohibidos que poco entienden de gustos, cuestión de piel o comodidad. La ocasión hace al ladrón, dice el refrán y nuestra líbido le hace el honor de depositarnos mentalmente en la acción y el lugar menos indicado.  Sobre deseos no hay como la ciudad que presta sus espacios menos sexys a los placeres más secretos y, de improviso, nos disloca de nuestra realidad. En este sentido, la psicología sexual aporta diciendonos que es una necesidad cerebral la de darnos un recreo ( no más que eso) en medio de nuestra cabeza perdida en problemas inmediatos. Es como decirte de un sólo grito: “sí, vos tenés un montón de kilombos y no estas para tirarte una cañita al aire, pero yo te planto la fiesta en menos de un segundo para que, por lo menos, pongas una sonrisa en ese rostro!!” ¡Qué favor inmenso que nos hace nuestra cabecita! ¿No?

Porque cuántas veces te djiste: “y si….”, “y si hubiera…”. Y sí…¿quién te dice quie esos cinco minutos de locura que te hubieran hecho detener el ascensor a mitad de camino, que te hubieran desnudado completamente en el sanitario más minúsculo, que te encontraran maullando sobre el escritorio más frío o que te empujaran al desconocimiento absoluto de un departamento ajeno, no hubiera sido exactamente lo que necesitaras para cambiar tu vida? ¿Qué pasaría si el recreo se convirtiera en la campana de largada hacia tu futuro?

~ por Gabriela en Mayo 25, 2008.

Una respuesta to “Sex on the city”

  1. Habría que hacer la prueba para ver si la vida cambia o no. De momento la mía no cambió mucho cuando me solté a vivir algunas de esas fantasías.

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